La realidad de los poetas.

El poeta es amigo de la noche,
Y de las sombras que se ocultan en cada letra,
Como los trozos de un cristal que se ha partido,
Y que han caído sobre un río,
Que juguetea y los dispersa,
Meramente por su libre albedrío.




El poeta no elige ser poeta,
El poeta es simplemente elegido,
Por un Dios,
(que lo ama como a un hijo)
y por un Diablo,
(Que lo ama como hermano)

El poeta no tiene la facultad de crear,
El poeta es más bien un intérprete,
Un nexo entre las letras existentes,
Y las pendientes que aún no han sido pensadas.

El poeta aún no lo sabe,
Pero cada luna lo arrincona más a su suerte,
El poeta debe batallar incesante contra ejércitos,
Que se alimentan de oscuras noches,
Y de claros días.

El poeta sin quererlo se ha embarcado,
En la única empresa que no podrá alcanzar jamás la luz,
El poeta en realidad es un hombre muerto,
Que busca cegado y con sus versos,
La combinación de letras y sentidos,
Que le permitan al menos por una vez,
El poder sentirse vivo.

Cayeron los muros.

No pudo soportarlo más,
Y los muros finalmente cayeron sobre su espalda,
Sufre la derrota como una lanza clavada en su costado,
Y sus ojos sólo pueden ver oscuridad,
infinito letargo que ha llegado para quedarse.

No hay lágrimas,
Pero si tristeza y un rostro que debe ocultarse,
Humillación que se expresa en una cabeza gacha,
Que se ha impuesto la condena,
De no volver a ver el sol.

No hay a quien recurrir,
Demasto se reconoce orgulloso hasta el extremo,
No hay labios capaces de adormecer el dolor,
Ni alcobas que logren apaciguar las pretéritas palabras,
De los demonios más profundos.

Demasto grita que su vuelo se compara con las águilas,
Sin embargo hoy se encuentra herido y acobardado,
Rapiña como un cuervo las carnes putrefactas,
Y ya no confía en las antiguas leyendas,
De aves que renacen desde el fuego.

Demasto finalmente se ha topado,
Con la espada del arcángel implacable,
Y al frenar el primer golpe con su escudo,
Encontró tatuado en el pecho celestial,
Las letras que conforman su nombre.

Demasto sabe que la batalla fue decisiva,
Y que las heridas perdurarán para toda la vida,
Demasto hoy ha conocido la vulnerabilidad,
Y en el fondo de su triste alma reconoce,
Que deberá comenzar de nuevo,
si es que pretende volver a volar.

Una parte suya se encuentra adormecida,
Y ni siquiera logra escupir versos tranquilizadores,
Poco le importan las construcciones inertes a las letras,
Poco le importan hoy,
Los ojos que puedan llegar a estos versos.

Demasto parte con destino incierto,
Sin embargo todos representan el exilio,
Demasto barajó la idea de adentrarse en el hades,
pero su valentía se lo prohibió violentamente.
Demasto sabe que necesita una caricia,
Demasto sabe que necesita brazos que lo protejan,
Demasto ha mutado en esta tarde,
Demasto no acostumbra a sentirse derrotado.
Demasto está triste, vulnerable y herido,
Demasto sabe que no hay nada más abajo.

Demasto frota sus ojos con cierta fuerza,
Demasto seca el intento de lágrima que brota,
Demasto mira por la ventana,
Demasto ceba un mate y fuma un cigarrillo,
Demasto sabe que necesitará tiempo para levantarse,
Demasto no encuentra esperanzas que lo consuelen.

Y sin embargo vuelve a creer en su hombría,
Y sin embargo lo único que realmente atesora,
es el enjambre de esta derrota masticándose en su boca,
que quizás logre digerir con altura,
y tal vez un día pueda convertirse en una coraza,
capaz de volverlo más fuerte todavía.

Que me busquen y me encuentren!

Que se encienda el día en la ciudad!
Que se enciendan las radios y sus locutores!
Las noticias y las publicidades con sus morbos,
Que el motor abandone la pasividad,
y me muestre la cara una vez más.

Que apunten sus cañones a mi mente,
que me cerquen como siempre entre los muros
invisibles pero duros como el hierro,
de imaginarias construcciones que se elevan en mi mente
y que ocultan el sol,
enajenándome a la tristeza y a la soledad

Que me cerquen los ejércitos…,
Círculos viciosos que me desgastan día a día,
El partido de fútbol perdido y la cabeza del técnico en bandeja de plata,
Las pandemias mundiales que abandonan la ficción,
Los países dominantes que me avisan de antemano
Que deberé ser yo quien pague sus deudas por la crisis,
Las películas que se estrenan y relatan suertes funcionales a intereses del imperio,
Las ratas que ya no representan,
Y que sin embargo se disputan mi sufragio.

Que me tienten con un mordisco de su manzana,
Que me masturben las perras de la tv,
que me ofrezcan un trabajo mal pago,
aunque tenga veinticinco años y una Licenciatura que poco me importa,
que mis amigos, mi familia y rosas,
se enfurezcan y se preocupen por mi salud mental,
y que me escupan en la cara,
palabras para hacerme desistir en mi intento,
de vivir la realidad que ya no pueden negar mis ojos.

Que me castiguen ferozmente por no seguir sus reglas,
Que envíen sus sicarios disfrazados,
Las impagas facturas de la luz, el gas y el teléfono,
El hambre y la monotonía de comer fideos insípidos,
La despectiva mirada de mis vecinos de palermo,
Los amigos que me abandonan,
Los amores que se alejan por no pertenecer.

El último cigarrillo que me queda en la bandolera,
Lo ejecuto sin piedad ni culpa,
Que me busquen y me encuentren!
Que me hieran los costados,
Que sangren mis lágrimas cuando la presión sea demasiada,
Que mi espalda y mis rodillas se revelen,
Queriendo abandonar el sufrimiento,
Firmando la paz con los que buscan mi sumisión.

Que me busquen y me encuentren!
Que formen su ejército delante de mis ojos sus generales,
Que lancen a la imbatible caballería,
Y que intenten lacerar mi maltrecho cuerpo.

Sin embargo mi opaco yelmo,
Y mi gastada cota de malla,
Se mantendrán firmes hasta el último día de los días,
Empuño una espada que es mi honor,
Y defiendo mi cuerpo con un escudo que es mi dignidad,
Vengan a buscarme cobardes!
y conozcan el sabor de mi hierro y mi bravura.

Pocos somos los hombres,
Capaces de embarcarnos en batallas imposibles,
Pocos somos los hombres,
Que preferimos adentrarnos en el hades,
con el cuerpo mutilado y sin esperanza de redención.

El ajedrez

En la disputa hay mucho más,
Que un brillante trofeo y la corona
Que endulzará al menos por un rato
A tu insaciable ego.

Las piezas te buscaron desde el inicio,
El árbol o el elefante,
con alegría se resignó a su suerte,
la suerte de buscarte por los siglos,
la suerte de llegar hasta tus manos.

Detrás del juego se oculta,
Un pacto más antiguo que tú historia,
Caminaste sin saberlo incontables pasos,
Y tan sólo preámbulos han sido,
Para este territorio neutral;
Un parque en el Barrio de caballito.

Desde tu primer día y hasta éste,
Te han instruido en todas las artes y las ciencias,
Has estudiado las movidas más ilustres,
Y finalmente has comprendido que las noches,
no han sido del todo en vano.

Los cielos o los infiernos,
Te han convertido en un actor fundamental,
Te han forzado a participar en la guerra,
Que disputan encarnizadamente,
Los largos días,
Y las eternas noches.

Tú Demasto,
Has nacido bajo la protección de la luna,
Dejarás que el otro hombre comande el blanco ejército,
Y te ubicarás entre los peones embusteros y decididos,
Que han sido dotados por una oscura tez
Capaz de crear la ilusión de pasos que se amagarán,
y que no llegarán a consumarse nunca.

Al final de los tiempos,
La matemática dictaminará quien ha vencido,
No se te concederán los días para ver ese momento,
Solamente te ha de quedar el consuelo,
De una partida ganada,
Y el honor de ser recompensado,
En forma de cuerpo celeste.

Seis de la mañana.

En la ciudad comienza a dibujarse,
El umbral que divide a la noche del día,
Comienzan a oírse el silbido de las pavas,
Y de los microondas que calientan el café.

Los hombres se han adaptado a la vida,
O tal vez la vida se ha adaptado a los hombres,
Cada cual deberá enfrentarse a su destino,
Que es de hierro y jamás sumiso.

Yo me encuentro refugiado,
Entre cuatro paredes en un tercer piso,
Las siento cada vez más próximas,
Y con cada sorbo más envilecidas.

Yo he optado por las letras,
Y me he quedado afuera de ese otro mundo,
De esas risas que desfilan por la acera,
Y del futuro próspero y brillante,
Del burgués que combate la tristeza,
Con sus domingos en el shopping.

Ya he comenzado a afilar mis garras.

Regresaras con las luces de la madrugada,
Al resiento de dudosa construcción,
Te cobijaras con las mejores pieles,
Y te regocijaras de la cálida habitación.

Miraras un poco de televisión,
Buscaras algo efímero y gracioso,
Te rascaras tus partes,
Y sentirás mas placer aún.

El lunes desayunarás primeras marcas,
Y las servirán manos de alguna provincia Argentina,
te saciarás hasta lo ultimo de tu ser,
desactivaras la alarma,
e iras con una sonrisa a tu templo de sumisión.

Allí mostrarás una sonrisa complaciente,
Y ocultaras tus deseos verdaderos,
Checkearas nuevamente tus costos fijos,
Y harás tus planes sobre ellos.

Mientras tanto yo escribo estos versos,
Inmerso en un laberinto al que ya me he resignado,
no hay salida de estas paredes de tristes pupilas y miseria,
Algo me ha enajenado a estos pensamientos.

Disfruta al máximo estos días,
Pues en el tiempo que macabramente tu empleas,
Yo gesto una matanza,
Tu muerte es mi destino,
Tus arcas volverán al pueblo.

Así que comienza a adornar tu pecho con yelmos,
Pues yo ya he comenzado a afilar mis garras,
Sentirás en tu nuca el jadeante zumbido,
De siglos regados,
De sumisión, dolor y miseria.

No me escondo tras palabras,
Solo hablo a través de hechos,
En corto tiempo encontrarás mis ojos,
Ardientes como un gladio sudamericano.

Imágenes y sueños.

Un blanco carrusel de la antigua Persia,
Gira y gira en una imagen que no logra apagarse,
Se suceden las noches como el tiempo,
y el mar y la luna,
y la noche y la vida.

Existe la secuencia en mis sueños,
Y con el tiempo he descifrado el acertijo del tallado,
Son mis días que se escriben circundantes,
Al eje de corceles y fantasmas.

En el tallado encuentro mi niñez,
Encuentro la fantasía y los domingos,
Las tardes y los sepulcros,
la vida que lentamente he sabido vivir.

La blancura me ciega,
Y me despierta una extraña incógnita punzante,
Es paz lo que perciben mis ojos,
Y armonía incorruptible,
De una perfecta sincronía.

Así en el carrusel se escribe mi historia,
Y en mis manos se escriben los versos,
La noche me despide ya débil,
Y la blancura comienza a esfumarse.

Sentirme esta vez ahogado.

Sentirme esta vez ahogado,
Por un mundo que se pudre y que se expande,
No soy yo quien hará brillar las pupilas,
del Chaco, de Formosa y de Jujuy.

Como Roma arderás bajo las llamas,
de pupilas que hoy se muestran resignadas,
Nada puede cambiar lo que esta escrito,
En la sangre de un intelecto agazapado.

Poco a poco siento el muro en mi espalda,
Y la fricción ya ha abierto ciertas heridas,
Nada has podido aprender de los hechos,
De una roja bandera en la plaza.

Con el tiempo has adquirido destreza,
Para apagar las antorchas con el hambre,
Necio eres al no oír esas voces,
Que acumulan rabia,
Y claman por venganza.

Mi antorcha son estas palabras,
Y la luz ya se puede ver en la distancia,
Hay un sendero del que no puedo escaparme,
Y en mis sueños
Ya ha comenzado la batalla.

Tu destino ya ha sido escrito,
Tal vez arderás como Roma,
O tal vez arderás como Persepolis,
Pero son un hecho consumado,
Tus alaridos clamando la piedad,
La misma que tú en estos tiempos,
No eres capaz de mostrar.

Lucharás contra un imperio.

Tu camino ha de ser tirano,
deberás luchar contra enemigos y contra tí mismo,
pocas son la personas que querrán tu triunfo,
y muchas las que lucharán insaciables,
por verte agasapado en el barro.

Lucharás contra un imperio,
que no escatimará ni esfuerzos ni recursos,
para exiliarte en la misma miseria,
en la que hoy viven tus hermanos.

Desde hace siglos reina este imperio,
y con el tiempo ha sabido endurecerse,
imparte temor y sumisión con sus gladios,
y miseria a través de sus denarios.

La fuerza no la hallarás fuera de tí mismo,
deberán tus sueńos convertirse en planes,
respeto, sabiduría, convicción y estrategia,
han de ser tu fuego, aire, agua y tierra.

No tienes nada que perder,
y en cambio tienes todo por ganar,
tienes una meta que deberás alcanzar,
tatuada en tu pecho,
y en la sangre que ha muerto en la lucha.

Y no solamente lo harás por tí,
lo harás por la falta de oportunidad,
que se ha instalado en la mirada de esos nińos,
a los que han podido diezmar.

Ya has lanzado la Zaeta al cielo,
y has dado el primer paso y la primer estocada,
atrás nada queda,
delante tienes todo lo que buscas.

Nunca deberás retroceder,
y nunca retrocederás,
así que toma tu sable curvo,
y corta las cabezas de los miserables.
hasta que tu verdugo se haga presente,
y la historia vuelva a comenzar.

Un insulto a los dones.

Quizas entre los dones silenciosos,
existan estos que hoy pretendo,
yo que ignoro tantos años y dinastías,
yo que insulto en versos,
que pretenden ser poesías.

El olor a tierra húmeda,
y la primer gota que cae en mi mejilla,
la sonrisa de una niña,
y la primer mañana en Alejandría.

El nogal que me cobijó de niño,
y que me aguarda quizás en otra vida,
las gratas palabras de un anciano,
que aún conservo y conmemoro.

Los valores que me han impuesto,
y los contrarios que he descubierto,
los cumpleaños y sepelios,
la soledad y la compañía.

Los recuerdos de una madrugada,
entre mates, sábanas y besos,
el sol bendiciendo desde la ventana,
y la luna exiliada por el tiempo.

El templo de la calle Puan,
y el bunker del conocimiento,
las ideas expresas en cuadernos,
y la pertenencia en lo que creo.

Otra mañana en una iglesia,
y la caida del misterio,
cruz que llevo desde ese invierno,
cruz que llevaré hasta el infierno.

Las calles que se han tendido,
o que he sabido tender para mis pasos,
la cornisa de una noche frente al fuego,
y las llamas que han sabido consumirme.

Las revoluciones y el mes de octubre,
las consecuencias y las causas,
le vez que he negado unas monedas,
en un tren de Buenos Aires.

El espejo que me muestra tan distante,
la incongruencia entre mis labios y mis actos,
cierto orgullo por la mirada de mis ojos,
y la redención de encontrar asentimiento.

Vida.

Buscar la estrella que nos promete redención,
y caminar al compás de la alegrías,
que sueñan en un clavicordio,
y antes en las manos de Mozart.

Sentir el sábado y la mañana,
al sol y a mi madre,
junto al ritual del mate y el azucar,
en el tiempo y en la vida.

Dejarse regar por las charlas y las imágenes,
que nunca podrán borrarse ni opacarse,
como un nogal y una enredadera,
que crecen a la luz de la vida,
y que comprenden que el silencio,
es también parte de la melodía.

Remitirse.

Remitirse a un suspiro y a una imagen,
de dos personas que se aman,
y que juntos celebran el acto,
y el ritual de las pupilas.
...

Tomar un puñado de tierra,
y en él encontrar respuestas,
la llave y la puerta clara,
y el latido del corazón,
que acaricia la conciencia,
y permite que los sentidos,
comprendar estos versos.

Remitirse nuevamente a otra imagen,
una señora que barre la vereda,
y que sin saberlo escribe esta poesía,
que expresa una sensación de claridad,
la sencillez que tuve y he perdido,
hoy la encuentro nuevamente,
y espero que mi necedad,
no la olvide fácilmente.

Amanece el recuerdo

Amanece el recuerdo,
de una tarde de otoño,
y la vereda maltrecha,
y la calle villanueva,
y tu ausencia.

Dicen mis labios palabras,
y escuchan silencios tus oídos,
siento al viento en mi rostro,
frío como la distancia de tu alma.

Nuestros besos han muerto,
(como todo en este mundo)
el punto final ya ha sido escrito,
sin embargo en mis sueños,
se dibuja tu sonrisa,
conmemorando las fechas...,
de una vida sin dicha.

Sabio es quien calla obviedades.

Inmerso en este arrabal sudamericano,
otros se jactam de antiguas letras ya escritas,
las almas se desnudan clamando por justicia,
y los eternos cuervos, cómplices asienten.

Se que ciertos ojos leen estos versos,
sin embargo no creo que logren decifrar el acertijo,
hay abismos como montañas en el espacio,
y frías tierras que claman por venganza.

En la calle puan, aqui en Buenos Aires,
aún existe un templo incorruptible,
yo creo haber visto a heidegger una primavera,
y a schopenhauer un verano.

Como el Rin siguen las cosas,
(y la conversación que pudo haber existido),
ya está cansada mi alma de los versos,
ya ha muerto este sentimiento.

Creyendo en mitologías los domingos,
aún conservo eso que llaman esperanza,
quizás como el ave yo vuelva algún día,
quizás como el obrero,
muera en un cíclico y antiguo día.

Le sobran palabras a este mundo,
sobran pensamientos, tramas y argumentos,
sabio es quien calla obviedades,
idiota quien las adorna con laberintos.

El deseo por las piernas de cerrito.

Sigo pensando en las caricias,
que eran tuyas y nunca te he dado,
renacen en las noches,
las piernas de Cerrito,
vuelven los recuerdos,
y se escriben las poesías.

He intentado escaparle,
a estas rutinarias letras de la aurora,
he dormido en Palermo,
en Rosario y en Castelar,
pero las tuyas siempre vuelven,
tu rostro no me deja olvidarte.

En las noches de lujuria,
veo tu rostro en los espejos,
y esta falsa princesa no imagina,
las imágenes que hierven mi sangre,
es tu boca que se tuerce,
son los labios que siempre piden más.

Diabólico rostro te ha dado,
el creador de esta miseria,
y yo que siempre he sido un vampiro,
muero en cada una de las lunas,
en cada una de las noches,
que te pienso y no te olvido.

Sé que el tiempo ha hecho su parte,
sé que mi pecho se ha restablecido...,
pero hay princesa del infierno,
si supieras la lujuria que hay en mi.

Todo lo daría por una noche,
todo por la habitación 203,
contigo y conmigo,
por sentir nuevamente el arrabal,
de tus ojos y los míos.

Y que el mundo explote,
y que la oficina se pudra,
y que el dinero sea una broma,
y que la mañana venga,
que yo la estaré esperando tranquilo,
aún agitado...,
con mis piernas entre las tuyas.

La arista de mi pluma

Se define nuevamente la trama,
como siempre hay sonrisas y lágrimas,
otro rey ha triunfado esta vez,
y a sus espaldas,
la sigilosa venganza del vencido.

Hay algo que conspira,
y que abate insaciable las sonrisas,
desde las eternas sombras,
desde el agobiante tiempo.

Yo he visto no hace mucho,
raíces cansadas de luchar,
las he visto rendirse ante mis ojos,
y no he hecho nada para remediarlo.

Al querido mundo,
que destierra como parca las pupilas,
lo he declarado mi enemigo.

Pienso en el tesoro,
que lentamente se esfuma,
es el tiempo y la conciencia,
y el mundo que no comparto,
y que muero día a día.

El viento trae un antiguo pensamiento,
una calma provisoria,
es la pluma que se apaga,
y se jacta de los versos,
que aún no han sido escritos.

Noche y melancolía.

Y nuevamente la melancilía,
me arrastra hasta esta última noche,
que tiene un amargo sabor a tristeza,
a versos que no logran decir nada,
y que se escriben por sí solos.

Faltan gotas de sudor por estos lares,
sobran libros, amargas realidades,
hay un hada que creo estar escuchando,
o tal vez sea mi sombra,
la lenta sonfonía del letargo.

Comienza el ritual del último cigarro,
que a su vez es la paradoja de mi muerte,
como el nogal yo también he sufirdo,
como la luna también he perdido.

Sopla el viento del oeste,
(tan oeste como mi lugar en la corte),
no es condena cargar con mi suerte,
no orgullo cargar con mis errores.

Mañana no creo que será tan diferente,
y eso asusta a mi cara en el espejo,
la mirada que se observa las pupilas,
no es distinta a Alejandro,
en la noche del asedio de Persépolis.

En el barro se encuentra la verdad.

Hay poesía!,
tu que intentas pinceladas,
y escribres borrones,
tú que mueres,
y vives en temas recurrentes.

¿Cuando habrá comenzado,
esta mágica fuente de consuelo?,
¿Cuanto importa esta muerte,
si cada día vive más?

En mi corazón ha despertado,
un extraño sentimiento oscuro,
dirían muchos no propio de un poeta,
pero dice mi pluma,
que descrea de mis oídos.

Éste abandona los disfraces,
y muestra la cara más pura,
sin restricciones ni premeditación,
sin celtas ni persas,
sin hadas ni jardines.

Caen los ídolos que nunca han existido,
caen los muros ciclicamente,
algo ha despertado!
como siempre el desenlace es incierto,
como siempre el destino está en mi pluma.

Es la tierra que me habla,
es la sabia historia del polvo,
que como ha despertado a tantos,
hoy se mueve en mi corazón.

En el barro se encuentra la verdad,
en el cambio,
en la muerte,
gracias doy al cielo,
gracias doy al nogal.

Hay algo que nunca comprendieron los hombres,
hay algo que nunca podrán comprender,
todo vuelve como el amor,
todo vuelve como el olvido.

Esta noche respiro venganza,
esta noche abandono la omisión,
bienvenida sea mi declaración,
bienvenida esta lluvia de verano.

Es la sangre oprimida que se agita,
son el indio y el yugoslavo,
son las vidas que han de ser mías,
y que nunca podré vivir.

Algo habrá sucedido,
en el momento inicial de las cosas,
alguien habrá premeditado este momento,
(de eso estoy seguro),
vuelven precipitadamente las lanzas,
vuelven hirviendo las lágrimas derramadas.

Y esta noche se hacen letras,
esta noche se vuelven revolucionarias...,
que el mundo lo sepa sin rodeos,
que duerman intranquilos los responsables.

Sobre este suelo arrabalero,
desde el corazón de esta Buenos Aires tan golpeada,
nace una ira incontrolable,
renacen los hombres ya vencidos.

Y del mismo modo en que lo hizo mi sombra,
hoy mi pluma gesta una matanza,
es la eterna promesa del vencido,
es la eterna y cíclica historia,
que hoy me convierte en antagonista

Siete versos...

Son siete los versos que se esconden en mi pluma,
son muchas las dudas,
las soledades, las heridas que sangran,
o lo que es peor, la ausencia de heridas que sangren.

Hace siglos que ya no escribo,
y dinastias que no duermo,
sigo anhelando el calor de las hadas,
la magia, al bucanero.

Y estas horas que rápidamente me ahogan,
y me despojan de la lluvia,
del bosque y del atardecer.

Decir solo es demasiado poco,
y ni siquiera la soledad incomoda...,
Son estos depertar en las mañanas,
que me consumen las fuerzas,
que me roban las ansias....

Es que busco definirme,
através de mis poesías,
es que busco redención,
en los pagos besos de palermo,
en las piernas sin lubricación,
mientras mi corazón intenta soportar,
la ausencia de las piernas de cerrito.

Nunca vuelven los cucuhillos,
pero siempre las heridas...,
muero hoy nuevamente,
como ayer, como mañana...,

Muero y vivo,
y la existencia se limita a eso....,
¿Desde que orilla escribo esta poesía?....,
Debo suponer que desde el vivio,
sin embargo no logro comprender,
el por que me siento tan muerto.

Danza del principio y del misterio.

Afuera se precipitan los pasos,
y las botas se hunden en el barro,
las paredes ya han cedido,
y la pólvora comienza a hervir.

Mi ropa y el clima,
y el fusil y las verdades,
han de ser todas y ninguna,
es la cíclica historia quien se escribe,
por los cíclicos dedos de mi mano.

Escucho las valientes palabras de un hombre,
y se graban entre lágrimas en mi memoria,
cuando el momento ha de ser tan próximo,
no es a fusíl que se libra la batalla,
si a puñal, a daga o espada.

Reina la sinfonía de pasos y estocadas,
de heridas abiertas,
y sangres derramadas,
bailan la única danza que es eterna,
y que sin querer han aprendido,
bailan los hombres sin saberlo,
la danza del principio y del misterio.

Una Perfecta Geometría.

Una perfecta geometría,
preexiste infinita a mi alma,
un paríso de cristales
y luces y nostalgias.

El brillo en mis ojos,
existe en realidad en el tiempo,
y ni siquiera ha de ser mío,
sin que antes,
haya sido tuyo.

El aroma de la cultura Persa,
y la mágica que perfuma a los celtas,
los compadritos y la deseada lámpara,
el living donde escribo,
y el amor que he perdido.

Los atardeceres que se agotan lentamente,
junto al mate y los cigarrillos,
los recuerdos y las calles,
el pentagramas y la poesía,
que acaso es quien trae,
calma y sabiduría.

Sopla el viento nuevamente,
desde algún confín hoy desconocido,
y sin embargo mi piel,
lo siente ingenuamente,
como algo conocido.

Existe un libro aún no escrito,
que explica esta perfecta geometría
de causas y consecuencias,
que resulta inmune al tiempo,
y vive en cada una de las almas
que se atreven a existir.

Aguarda en el horizonte,
la sentencia de mi pluma
y la sentencia de la tuya,
ya ha agradecido la de Descartes,
la de mi abuelo y mi padre,
estimo que se aproxima la de mi madre,
y aunque el dolor ha de ser amargo,
no resigno las caricias.

Sólo espero que el tiempo,
no se escurra entre mis dedos,
sin que antes mis sueños,
emigren del nocturno paríso,
y reinen sobre este mágico universo.

Sólo entonces sentiré,
que mis versos no han sido en vano,
y que he concluido el ciclo,
que alguna vez ha comenzado
sobre esta tierra y este cielo,
y esta tarde que jamás podrá morir,
y que renacerá eternamente,
cada vez que mis ojos,
relean la poesía.

Cada verso de mi pluma, es un antiguo paso, hacia un nuevo precipicio.

Consume los días un pentagrama,
Blasfemo como las confesiones de aristrando,
Que acepta un legado del infierno,
Y mueve las aspas de un triste molino olvidado.

Molino que acarrea una historia,
Dispuesta a corazones marchitados,
Sombras que se dibujan sobre el campo,
Y se pierden en recuerdos exiliados.

Perfecto círculo invisible,
Escribe con sangre de otros tiempos,
Los pasos de hombres sin aliento,
Que olvidan lecciones aprendidas,
Que recuerdan cicutas filosóficas.

Juramentos hipócritas se archivan,
En las morales profanadas en silencio,
Corazones adictos a las penas,
Pensadores adictos al veneno.

Baratas palabras escribo,
Que se mezclan con huellas sin dueño,
Rosas que se esfuman en el aire,
Y crean ásperas ilusiones,
De futuros, acertijos y pasiones.

Yo soy Demasto,
El aristrando atemporal,
Quizás real,
Quizás tan irreal como mi alma,
Antagonista de certezas,
Un nogal que se extingue,
Mientras aguarda las lágrimas del cielo,
Y el beso de un sauce,
Que asegura ser ateo.

Sombras, Cárceles e Incógnitas.

Silueta dibujada en lápiz negro,
Sobre blanca puerta de roble viejo,
Copia exactos movimientos de mi cuerpo,
Pero discrepa de mis expresos pensamientos,
Esclava de su propia naturaleza,
Reina en su paralelo universo.

Solitaria en estos tiempos,
La sombra de un paraguas,
Es quien le hace compañía,
Conversan de arte, ciencias y filosofía,
De olvidos, nostalgias y destinos,
Quebrando leyes inmutables,
Huyendo de realidades innegables.

Olvida su esencia por instantes,
Y miente ante el pedestal,
De las altivas verdades,
Y aunque reconoce al velador,
Como Dios omnipotente,
Gesta una revolución,
Y sueña con mi muerte.

Situación escalofriante,
Se ha instalado en la habitación,
Mi sombra ha conseguido adeptos,
La biblioteca, la mesa y las 32 piezas,
Las flores, el lechero, y el gaucho de madera,
Todos oyen expectantes,
Todos creen sus verdades.

Y sólo puedo reflexionar,
Sólo me ha quedado una incógnita,
¿Quién ha sido el creador de la sombra?,
¿Ha sido la luz?,
¿Ha sido mi imaginación?,
¿O has sido tú lector,
que construyes y destruyes en tu mente,
la historia de sombras,
cárceles e incógnitas?

Confesiones de Aristrando.

I

Bajo la Sombra del Nogal,
Del Bohemio viejo eterno,
Una Historia de Reyes, Polvo y Magia,
Una madrugada, un Rey y una Pluma,
¿Quién merece la corona?
Otra vez...,
Ausencia.

II

Dentro del corazón,
Ciclotímica esencia de Demasto,
Cruces y mentiras,
Silencioso laberinto, alaridos de la aurora.
Barco que olvida viejos puertos,
Locura, muerte y alimento,
Sombras, cárceles e incógnitas.

III

Y estos insensatos deseos de que vuelvas,
Son fríos versos de Junio,
Son las huellas de Demasto,
Una herida de guerra,
El mapa de mi corazón,
Y el tiempo,
Anciano que aguarda el polvo,
De ocasos, albas y sentencias.

IV

Cada verso de mi pluma,
es un antiguo paso,
hacia un nuevo precipicio.

El muro

Yo,
que le he robado a un sabio,
el desenlace del misterio irresuelto,
puedo afirmar que una rosa,
guarda infinitos instantes de desencuentros.

Yo,
que he comprendido finalmente,
que las palabras no hablan,
sin oídos que escuchen.

Yo,
que he muerto tantas veces,
por senderos de tétricos cristales,
he encontrado aliados,
en las miles de almas que se pierden,
y renacen lentamente.

Cada día insulta una noche,
cada estrella a una luna,
el paraíso de Demasto,
sigue aguardando en el horizonte....

¿Cuando irás hacia él?,
Cobardes palabras escribo,
Valientes pentagramas entono,
antes del día marcado,
yo te encontraré nuevamente.

De ocasos, albas y sentencias.

Humo que consume los instantes,
Polvo que devora eternidades,
Persigo mis eternos pasos,
Por horizontes vírgenes de sueños,
Y encuentro amargos tragos,
Ocultos en la madeja de los tiempos.

Noches de calma intranquilas,
Alfombran los versos de mis días,
Bandoneón que acaricia desesperanzas,
Corazón que llora en la distancia.

Asesino otra copa de consuelo,
Y observo el casillero del rey negro,
Pero su magra y diezmada espada,
Sentencia la incongruencia de nuestros puertos.

Perro amigo de las sombras,
Silencioso secreto resuelto,
Historia que narra encuentros,
De ocasos, albas y sentencias.

Anciano próximo a extinguirse.

Siete versos escondidos,
Cofres recelosos e impacientes,
Otra noche enmudecida,
Otra copa eterna,
Con vestigios de melancolía.

Cae del infierno un silencio,
Caen rosas con pétalos marchitos,
Dos manos se encuentran temblorosas,
Inmersas en una tarde sin frío.

El anciano muere de soledad,
Tres lágrimas no le permiten mentir,
Recuerdos de un otoño en la plaza,
Recuerdos de arrabales extinguidos.

Triste Anciano olvidado,
Indefenso, ateo y desconsolado
Postrado en un sillón gastado,
Siente a la muerte ansiosa,
Y sostiene un cuaderno en blanco,
Sin argumentos para defenderse

Locura, muerte y alimento.

Me cebo otra copa de veneno,
Y mi nariz comienza chillar,
Un arcángel acaricia mi oreja,
Y suspira oraciones en francés.

El espejo era mentira,
Estos instantes muestran lucidez,
¿qué día es hoy?,
mi más malvada risa,
no se puede controlar,
“alguien debe pagar,”
hoy puede convertirse en realidad.

Caen del cielo las lágrimas,
Y se esfuman antes del suelo,
Puede que sean augurios,
Puede que cada una de ellas,
Sea un destino a olvidar.

Esta iglesia no es un templo,
Sin embargo escribo mi religión,
Sigo la marcha desenfrenado,
Y el frío ya es transpiración,
Salgo al parque,
Y caigo junto al rosal.

Rápidamente comienzo a mojarme,
Desnudo mi torso,
Y me recuesto boca arriba,
Las gotas se filtran por entre las rosas,
El aroma me conmueve,
Y mi corazón comienza a tranquilizarse.

Alguien se encuentra tomando el té,
Quizás café o simplemente el peor vino,
En la copa más inmunda del mundo,
Quizás se encuentren cerca de mí,
Quizás en la antigua Roma,
Quizás en Palermo viejo,
O en los confines,
más lejanos del universo.

De cualquier modo,
El día de hoy pasará,
Y otro más se acurrucará,
En los rincones de mi corazón,
Quizás junto a los más hermosos,
O quizás junto a los más tristes.

Yo soy hijo de este mundo,
Yo soy hijo de estas tierras,
Tengo una madre que se llama Argentina,
Tengo hermanos marginados,
Hambrientos y enfurecidos.

También tengo a los otros,
Que han de ser los culpables,
los mediocres, los verdugos,
los que viven de las miserias.
Los que quieren que nada cambie.

Ustedes me han criado,
Han sabido alimentar mi corazón,
Con sus miserias, virtudes y muertes,
Nadie puede renegar de sus orígenes,
Nadie debe olvidar,
Que la tierra es santa,
Que la venganza no tardará en llegar.

Todos estamos gestando muertes,
Todos estamos gestando locura,
Que no sea novedad,
el día de mañana,
el fuego ardiendo en nuestros huesos.

Barco que olvida viejos puertos.

El barco ha zarpado del puerto,
Un boleto ha quedado perdido,
El otro en el bolsillo de una dama,
Envuelto en un pañuelo con lágrimas.

Rumbo al olvido se dirige,
Rumbo a las tierras más lejanas,
Que quizás no han de ser más,
Que treinta tristes cuadras.

Un desencuentro inexplicable,
Ha desatado aquella guerra,
Que no tendrá vencedores,
Que sólo tendrá perdedores.

Dos corazones ahogados,
Por lágrimas ajenas,
Dos nudos por cada garganta,
El consuelo aguarda en cualquier bar,
Los rojos ojos ocultos,
Por las manos en la frente,
Y la colgante cabeza gacha.

Hay ciertos males,
Que no pueden se pueden combatir,
Sólo se deben olvidar,
Sólo se debe aceptar,
Que también al propio corazón,
Lo pueden dejar de amar.

Silencioso laberinto, alaridos de la aurora.

Un infinito laberinto,
Se ha ido construyendo con los años,
Indefinible, tortuoso e incomprensible,
Albergan los pasos del caminante,
Quien no ha podido encontrar su rumbo.

Trece sauces de plata,
Se han convertido en los cómplices,
Eslabones de sentimientos,
Construyen la cadena más triste,
El corazón prisionero,
La libertad olvidada.

Ya en esta madrugada,
La noción del tiempo se ha perdido,
Hoy puede ser ayer,
Y mañana quizás sea un tal vez,
Las huellas son devoradas,
Por el piso de oro,
Que encandila las pupilas,
De estas tristes palabras.

Un castillo de acciones,
Es desbaratado sistemáticamente,
Sin religión ni bandera,
Las brisas se han convertido en tornados,
Sin pena ni gloria,
El caminante sigue su marcha...
¿Qué es lo que lo motiva?,
¿Qué final aguarda,
en el horizonte hoy ennegrecido?.

Varias balas han salido de sus labios,
Pero una solamente,
Ha logrado penetrar su corazón,
Herida que aún no cierra,
Madrugadas resentidas,
Escriben evangelios de nostalgias,
Mientras el umbral olvida recordar,
Las hojas cayendo del nogal.

Bibliotecas, báculos y hadas,
Calles, ciencias y pensadores,
Ignorancia, celtas y persas,
Muebles, muertes y besos.

Todo se dibuja en estas paredes,
Todo resulta ser eterno,
Todo resulta finito,
Las contraposiciones,
Las certezas y mentiras,
Todo vive aquí,
En la tristeza del solitario,
En la muerte de Demasto.

Mitológica historia cuento,
Misterioso desenlace gobierna,
Los días traen calma,
Las noches tajantes pensamientos,
Quince versos para dos mentiras,
Un laberinto, una espada,
Un destino eterno,
Virgen y gastado,
Aún sin escribir,
perfectamente escrito,
perfectamente olvidado.

Radiografía del Corazón

Este papel es el testigo,
De este pensamiento,
Quien con el tiempo y la rutina,
olvida de sus premisas.

Este instante en que la pasión me sobra,
Este instante quiero aprovechar,
Aunque se pierdan ideas por mi lentitud,
Aunque mis dedos se quejen por la rapidez,

Hoy estoy queriendo recordar,
A Giselle, a Soledad, y a Laura,
A Gisela, A Florencia, y a Micaela,
A Luciana , a Solange y a la innombrable.

Algunas me hicieron feliz,
Algunas me rompieron el corazón,
Algunas me amaron,
Algunas otras me mintieron.

Algunas me desecharon,
Algunas fueron abandonadas,
Algunas fueron olvidadas,
Otras siguen presentes.

Algunas me hicieron reír,
Otras me hicieron llorar,
Algunas compartieron sus sueños,
Otras no se atrevieron a hacerlo.

Algunas se conocen,
Otras no saben que existen,
A algunas les mentí,
A otras no les pude mentir.

A veces sueño con algunas,
Otras veces no sueño con ninguna,
Algunas se alejaron con amor,
Otras lo hicieron odiando.

Algunas son felices,
Algunas son infelices,
Algunas me recuerdan,
Otras me olvidaron.

A algunas les llegué al corazón,
Otras no dejaron ni arrimar,
Algunas quisieron volver,
Otras no quisieron ni intentar.

A algunas las lastimé,
Algunas me lastimaron,
Algunas se entregaron enteras,
Otras lo hicieron sin amar.

A alguna no les pude dar ni un beso,
A algunas les di todos mis besos,
A algunas me las sigo cruzando por las noches,
A otras no las veo ni en mis sueños.

Algunas encontraron el amor,
Algunas encontraron un idiota,
Algunas todavía me siguen creyendo,
Algunas no creen que pueda no mentir.

Algunas me usaron,
Algunas fueron usadas,
Algunas se interesan por mi bienestar,
Algunas otras quieren que tenga malestar.

Y algún día esto lo leerán,
O quizás lo imaginarán,
Y las que me recuerdan no vacilarán,
En odiarme por su nombre revelar.

Y las que nunca me dejaron entrar,
Quizás de estos versos se reirán,
Y las que me abandonaron,
Con desprecio recordarán,

Y las que duraron unas noches,
Mucha atención no le prestarán,
Y la que duró tres años y partió,
Descubrirá mi infidelidad.

Y desde esta postura de autor,
Me robo el privilegio,
De escribir todo lo que siento,
Sin restricciones,
Sin pudores,
Con intenciones,
Con dolores, amores y recuerdos.

Y a mis competidores,
A los novios y parejas de mis rosas,
Les escribo con humildad,
Que no atiendan estas palabras,
Que no merezco ni un segundo de atención.

A las que abandoné,
Les pido mi más sincero perdón,
Y es que no comprendía aún,
Las reglas del amor.

Y a las que me abandonaron les agradezco,
Por enseñarme la amargura de la vida,
Los días sin caricias,
Las noches sin sexo,
Las ganas de vivir,
Que produce vivir en la ruina.

Y a las que no correspondieron mi amor,
También las adhiero mi reconocimiento,
Pues nunca este hombre podrá volver,
A no esforzarse al decirle que no,
a un corazón que lo pretende.

Y a las que me fueron infieles,
Reconozco que me hirieron sumamente,
Pero con el tiempo pude comprender,
Que también es parte del amor,
Y supe asumirlo,
Y supe sufrirlo,
Y supe comprenderlo,
Y supe superarlo,
Y supe cometerlo.

Y hablando de traición....,
Pido más disculpas que antes...,
No supe controlar mi corazón,
Nunca supe decir adiós a tiempo,
Reitero mis disculpas,
Reitero las manchas en mi corazón.

Pido perdones generales,
Por los besos racionales,
Por las caricias con mentiras,
Por los abrazos con desdicha.

Por los momentos de tristeza,
Por cada lágrima que hice derramar,
Por mis traiciones con palabras,
Por mis traiciones con sudor.

Por mis promesas incumplidas,
Por mi amor con des amor,
Por pensarlas mientras dormíamos,
Por desearlas mientras....,

Por querer creer que te amaba,
Por no querer abandonar la mentira,
Por no saber decir adiós,
Antes de cometer la traición.

Por los domingos aburridos,
Por fingir cansancio un martes,
Por cambiarte por un libro,
Por aburrirme de tus besos.

Por las soledades estando juntos,
Por las veces de egoísmo,
Por no saber escucharte,
Por no querer comprenderte.

Por los reproches arrojados,
Por las flechas con veneno,
Por las dagas afiladas,
Por las ruinas del entierro.

Por las noches de ausencia,
Por las tardes de presencia,
Por las mañanas compartidas,
Con mi mente en otro cuadro.

Por las fotos quemadas,
Las poesías dedicadas,
Cuando en realidad le pertenecían,
A otra desdichada.

Perdón nuevamente,
Perdón repetido,
Perdón sin reproches,
Perdón sin sentido.

Perdón decadente,
Perdón en el olvido,
Perdón con arrepentimiento,
Perdón dolorido.

Perdón de colores,
Perdón en blanco y negro,
Perdón con dieciocho piernas,
Perdón con dieciochos olvidos,
Y un corazón en llamas,
Que agradece sus existencias.

A vuestra Salud,
A mi malestar,
A vuestra felicidad,
A mi pasión por vivir,
En un estanque de vino tinto.

Y a mi próxima rosa,
A mi próxima princesa,
Aún sin conocerla.
Le Prometo no reincidir,
Y no incluirla,
En esta lista de perdones.

De amores,
De decepciones,
De traiciones.

De arrepentimientos,
De amor no correspondido,
De lujuria,
De tristezas,
De alegrías y pasiones.

Insensatos deseos de que vuelvas.

Negros cuervos del olvido,
se alimentan de mi pecho,
restos de un naufragio,
que no se quieren ahogar,
alaridos y manotazos,
noches en vela,
con los ojos garuando lágrimas.

Letárgicos segundos,
son escalofríos sin consuelos,
madrugadas y ocasos,
sin nada que ofrecer,
más que angustia,
más que tristeza,
más que recuerdos mudos,
de tu silencio final.

Y de las piernas que me consolaban,
sólo encuentro la ausencia,
y del amor extinguido,
sólo encuentro los cristales rotos,
que se calvan en mis pies.

Si tan sólo te hubiera dicho la verdad!,
si tan solo te hubiera dicho perdón!,
Cuando tú necesitabas oírlo,
si tan sólo no tu hubiera dejado de amar,
para después arrepentirme…,

Si no te hubiera traicionado,
si no te amara tanto en estos días,
si a ti te quedara algo de amor,
quizás pudiéramos jugar una mano más,
quizás los besos serían fuego nuevamente,
quizás el olvido,
fuera reemplazado,
por nuestros cuerpos,
entrelazados en nuestro hotel.

Silencio aturdidor,
palabras de mi boca,
masticadas por orgullo,
hoy son ásperas cenizas,
que quieren hacerse fuego,
y susurrarse en tus oídos.

Queriendo creer,
que todavía hay tiempo,
que todavía queda alguna luz,
dentro de tu corazón,
que el barco no naufragó,
que tus piernas me necesistan,
que tus ojos no logran soñar por las noches,
pues siguen pensando en mi.

Y en el medio...,
entre la realidad y lo deseado,
entre lo posible y lo imposible,
entre los recuerdos y el futuro,
mi magro camino,
esconde su horizonte,
de besos salvadores,
y sólo muestra este jueves,
con las 11:54 AM en el reloj.

Con mi cuerpo dentro de la oficina,
extrañándote nuevamente,
marcando el 4627-744 ,
sin poder marcar el último,
reconociendo mi derrota,
intentando aceptarla,
sin embargo tus ojos…,
son más fuertes que mi orgullo,
y mi corazón,
sólo repite un verso..,
te amo demasiado para olvidarte….,