Testimonio.


Corazón,
Yo atestiguo tu herida enrojeciéndose
 en la profundidad de la noche agigantada,
como una flor intermitente que brilla y que se apaga
por el furioso ejército de olas que vienen y desgastan,
el débil pulso que te ata a la ventura de crepúsculos y albas,
cifrados en una lengua extraña y reacia a las palabras.

Corazón,
Yo te veo fatigar las largas hordas con estoica pasión,
ansioso y dolorido y excitado y ebrio de muerte y de amor,
pero te encuentro aún en el alto coraje de tus ganas,
y eso es algo que conspira
 y te llena de una dulce y hermosa llamarada.


1 comentarios:

Estela Mary Soliani dijo...

El corazón en "dulce y hermosa llamarada" me encantó la imagen poeta